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Sevilla desde su comienzo hasta ahora Si eres de los afortunados que viven en Sevilla o simplemente acabas de llegar, en estas páginas serán tu guía perfecta para sacar el máximo partido a la ciudad. |
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Sevilla, situada en el suroeste de la península, es capital de su provincia y sede del gobierno andaluz.Habitada por más de 700.000 almas, está ubicada en la vega del río Guadalquivir que, navegable, abraza la ciudad y fluye, intenso, hacia el océano. La urbe es el centro político, administrativo y de servicios de Andalucía. Limita al norte con Badajoz, al noreste con Córdoba, al sureste con Málaga, al sur con Cádiz y, al oeste, con Huelva. Su clima es mediterráneo. Las lluvias son moderadas y la precipitación media es de 578 l/m al año. En cuanto a historia y arte se refiere, Sevilla es todo. La ciudad de hispalis tiene sello de pintores, tierra Murillo y Valdés Leal. Cuna de escultores, patria de Martínez Montañés e imperio de las letras, lugar de nacimiento de un genio, Machado, y crecimiento de un mito, Don Juan. Sevilla es bondad, caridad. Alegría. Color, calor, gentío. Pasión. Sevilla es treinta y cinco grados a la sombra. La noche más larga. El amanecer más intenso. Sevilla es la cuna del toreo. La reina del tronío, el sabor popular. La feria de abril. Semana Santa. El sentimiento de un pueblo, la imagen de España. Historia de Isbiliya El origen del poblamiento de Sevilla se ubica entre los siglos IX y VIII a.C. Un brazo de mar, el Lago Ligustino, que ocupaba el Bajo Guadalquivir, impidió hasta esta fecha cualquier asentamiento permanente. Los restos demuestran que los primeros pobladores sevillanos conocían las técnicas del bronce y vivían principalmente de la caza y la pesca, sobre un poblado palafítico. Su privilegiada situación geográfica la convirtió pronto en un importante centro de intercambio. Así, se la denominó como puerto fluvial de primer orden en el que se permitía comerciar con los metales sacados de Sierra Morena, al norte, y los frutos del campo cercano del Aljarafe, que eran embarcados hasta el mar. Escritos griegos y romanos hablan de diversas leyendas que se atribuyen la fundación de la ciudad. Desde el fenicio Merkar, pasando por el dios griego Mercurio hasta el propio Hércules quien, según la tradición, fundó la ciudad sobre seis columnas inmensas. De cualquier forma, los mitos no hacen más que evidenciar la trascendencia de la ciudad en las culturas tartesa y fenicia. La prosperidad de esta pequeña ciudad se interrumpiría cuando, alrededor del año 216 a.C., los ejércitos cartaginenses destruyeron la urbe. La rivalidad de éstos con los romanos, durante la Segunda Guerra Púnica, haría que la ciudad cayera en poder del Imperio de los césares a partir del año 206 a.C., tras la batalla de Ilipa. A partir del año 49 a.C., se convierte en una de las principales ciudades de la Bética. Julio César la dota de una muralla y le da el rango de colonia romana. Al final de este periodo, el cristianismo se extiende por toda Hispania. Destacan las dos mártires sevillanas Santa Justa y Rufina, patronas de la ciudad. La llegada de los visigodos supone un periodo de cierta tranquilidad, en la que destacará Sevilla con sus insignes obispos, San Leandro y San Isidoro. Con la llegada de los musulmanes, apartir del año 711, se abre una nueva etapa de prosperidad para la ciudad. Su nuevo nombre, Isbiliya, será el topónimo de la actual Sevilla. La ciudad musulmana crecerá portentosamente a la vez que las actividades económicas y la política. Es en este periodo cuando Sevilla se convierte en capital de un reino con Al-Mutamid y, posteriormente, en el año 1163, en capital del Imperio de los almohades: en Al-Andalus. Todo el casco histórico de la ciudad es islámico y lo constituye el primitivo Alcázar -Reales Alcázares-, las sucesivas ampliaciones los restos de las murallas -entre la puerta de Córdoba y el arco de la Macarena-, la Torre del Oro y las de la Plata y Abd al-Azis. Aunque Isbiliya contó con numerosas mezquitas, hoy apenas se conservan los patios de la que fue mezquita mayor -Patio de los Naranjos de la Catedral- y el patio de la que estuvo en la Parroquia de El Salvador. La primera aún conserva la torre-alminar que es símbolo de la ciudad: La Giralda. Cuando en 1248 entraban en la ciudad las tropas del rey de Castilla, Fernando III, el reino sevillano se incorporaba al mundo cristiano medieval. Su fisonomía cambió poco. La población se reduce con la expulsión de los musulmanes. Y a los judíos se les concentra en un barrio apartado -'la Judería', actual barrio de Santa Cruz-. Además, los cristianos ocupan los vacíos dejados por los pobladores anteriores, extendiéndose al popular barrio extramuros de Triana, en la otra orilla del río. Alfonso X y Pedro I 'el Cruel' establecen su residencia habitual allí. Es ahora cuando la ciudad se empieza a llenar de iglesias y conventos y, en 1402, se inicia la construcción de la catedral. En el siglo XVI, Sevilla, a raíz del descubrimiento de América, comercializa con el Nuevo Mundo. Por ello, crece y se moderniza. Son de este periodo la Casa Ayuntamiento y la Casa de Contratación -actual Archivo de Indias-. Además, Sevilla es, en este tiempo, cuna de arte. Junto a edificios renacentistas y barrocos nacen pintores como Murillo, Velázquez o Valdés Leal y escultores de la talla de Martínez Montañés. A partir del siglo XVII, la crisis económica de Castilla y la decadencia del Imperio Español en Europa inician el declive de la ciudad. En 1717, la Casa de la Contratación se traslada a Cádiz y Sevilla pierde su protagonismo. Habrá que esperar hasta la segunda mitad del siglo XIX para que la ciudad inicie una nueva expansión apoyada en la construcción del ferrocarril. La ciudad crece hacia el este y el sur. El Ensanche decimonónico se completa en las primeras décadas del siglo XX con los edificios construidos con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929. Tras la exposición Sevilla se remodela la infraestructura de la ciudad. Se construye el aeropuerto, se hacen obras hidráulicas de canalización de los ríos para frenar los desastres de las inundaciones y se establece la red de tranvías. En este momento, y a partir de los años 60, la capital andaluza se lanza a una verdadera expansión que configura las actuales barriadas periféricas. En 1992 se celebró la Expo-92 (Exposición Universal) en la isla de la Cartuja y Sevilla se preparó para este acontecimiento con un extenso plan de infraestructuras. Se crean las autovías de circunvalación de la ciudad, se recupera el río dentro del paisaje urbano y se construyen seis nuevos puentes. Sevilla, hoy en día, es pieza clave de la historia presente de España y entra en el siglo XXI 'por la puerta grande'.
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